Una de Declaratoria de herederos

Johana Rugama era la esposa de Enrique Sáenz, quien murió en un accidente de trabajo. Días después del fallecimiento de Enrique, Johana se presentó con Raúl, el hermano de su difunto esposo y supuse que venían para iniciar la solicitud de declaratoria de herederos de la viuda y sus dos menores hijos, sin embrago Raúl me dijo que llegaban porque Johana pondría la finca del difunto a su nombre, dijo que ya lo habían acordado, pues ella era joven y no sabía nada de la tierra y del ganado.

Le expliqué a Raúl que eso no era posible, porque la finca aun no era de Johana y que ante la falta de testamento, se debía solicitar primero ante un Juez que fuera declarada heredera y que si la intención de él era comprarle la propiedad era inevitable este proceso. Johana, mientras Raúl hablaba, me hacía algunas muecas y señas que no lograba entender, pero en el acto supe que el avispado de Raúl no traía buenas intenciones. Salí del despacho y le pedí a la secretaria que lo “entretuviera”, regrese y le di los documentos que él mismo traía y me había entregado y le dije que se los llevara a la secretaria para que hiciera copias. Inmediatamente que salió de mi oficina y que quedé solo con Johana, ella rompió en llanto y me dijo, que por favor la ayudara, ya que su cuñado le quería robar la finca y la había traído obligada y de la terminal de buses la había llevado a un hotel, donde trató de abusar de ella.

Raúl regresó con copia de los documentos y me las entrego, la secretaria ya tenía con ella los originales, hable con ellos y les dije que iniciaríamos tramites y que debían regresar en un mes (en su ausencia le pedí a Johana que viniera al día siguiente sola a firmar la solicitud de declaratoria de herederos), de mala gana Raúl salió de la oficina, notó que Johana me había contado lo que pasaba, ya que ella aún sollozaba.

Se inició el juicio de declaratoria de herederos y Raúl se encargó de buscar a todos los hijos regados del difunto, con el único afán de ponérsela difícil a Johana y cuando se llegó al inventario de los bienes ya había sustraído mucho ganado de la finca de Johana, alegando que se hacía pago de deudas con su hermano muerto, pero se logró que Johana y sus hijos se quedaran con la finca y su ganado, a los demás hijos, que ya eran mayores de edad, se les entregó un lote de ganado a cada uno y consintieron que sus hermanos menores, hijos de Johana, se quedaran con la propiedad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *